Entonces, había un gatito atrapado en el ducto de la basura de mi edificio, no pudo salir en toda la noche hasta que en la mañana mi hijo de puta vecino de al lado lo lanzó de un piso 15, -¿Qué no hicimos para salvarlo?- pero el gato, recién nacido, murió de un paro respiratorio por un derrame en los pulmones y daño neurológico; el problema no es que en sí la muerte del gato, sino la intención tan despiadada del hijo de puta que lo mató, porque es un asesino, para mi es un asesino, un bastardo, un imbécil, que nunca ha sentido la felicidad y el cariño de los animales, una humanidad y una sociedad que ha dejado atrás la compasión y el amor, ¿Dónde quedan los que sí aman la vida? Ese gato, ese simple y hermoso gatito pudo haber sido la compañía y la felicidad de cualquier persona, cualquier persona capaz de ser amada.
A mi no solían importarme este tipo de cosas, pero si eres capaz de matar a una criaturita como esa, eres capaz de matar los sentimientos de cualquier persona; desgraciado todo aquel que acabe con la vida, desgraciado todo aquel que no sea capaz de ser feliz.
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